La Playa: Un Pedacito de México

Cada estación en la que paraba el Transmilenio, era una oportunidad más para recorrer y conocer desde la ventana las calles de Bogotá. De repente, casi sin pensarlo, una partecita de la fría Bogotá se tornó diferente, no parecía como Colombia, sino más bien México. La calle 54 y 57 con Av, Caracas, estaban iluminadas con muchos trajes de mariachis, unos eran coloridos y otros neutros, pero todos con accesorios brillantes que destacaban de lejos. No importó la hora ni el sol, esos trajes sobresalían con luz propia.

La curiosidad por este lugar tan popular, lleno de mariachis, tríos, grupos vallenatos, y demás; me impulsaron a conocer más acerca de su historia. La Playa, como ellos le llaman; es el lugar perfecto para quien busca servicios de música popular, lo pueda encontrar.

La Alcaldía de Chapinero, afirmó en el 2014, que en esta zona trabajaban alrededor de 800 a 1000 mariachis desde hace décadas. Estos artistas dan citas todos los días, pero desde el jueves hasta el sábado, es el momento en el que tienen más demanda. No importa el sol o la lluvia, ellos y sus grandes sombreros siempre van a estar a disposición de ir a cantar con sentimiento y emoción.

Los mariachis generosos y apropiados de su historia, contaron que la ranchera fue el primer género que llegó a ese lugar fundado por el mexicano Alfonso Regal, en 1958. “Los Tapatíos” fue el primer grupo de ranchera en Colombia creado por él. El mexicano Regal, se pone cómodo, corrige su postura y cuenta con la mirada elevada, que decidió fundar la Playa al extrañar demasiado la Plaza Garibaldi, pues tuvo que dejarla a un lado por seguir a la mujer colombiana de quién se enamoró, y que ahora es su esposa.

El éxito de “Los Tapatíos” fue determinante para que La Playita este actualmente llena de sombreros, trompetas, violines y camionetas listas para llevar a músicos empíricos y profesionales.

Alfonso, ahora está encargado del reconocido grupo de mariachis de la zona llamado “Mariachi Jalisco”, agrupación que se ha visto un poco afectada por la competencia y la llegada de grupos juveniles, que según él, los han representado mal a causa de falta de profesionalismo a la hora de cumplir con los eventos. Muchas veces estos jóvenes no van a ensayar o se emborrachan en las mismas presentaciones. Pero, Alfonso menciona que lo más preocupante es que no saben tocar, “solo zapatean”.

El reloj marcaba las 5:00 pm. Era viernes, los mariachis lo sabían, por eso empezaron a moverse con más agilidad. Entregaban a los clientes tarjetas de presentación, hablaban de su trabajo, negociaban y conseguían contratos informales.

Wilson Quintero, líder del grupo músical “Mi Mariachi”, mencionaba que no todos los mariachis tienen reputación de borrachos o poco trabajadores, pues muchos de ellos laboran de 8 a 10 horas dependiendo las temporadas.

A principio de enero, temporada baja, realizan alrededor de tres a cinco serenatas por noche. Los contratan para tocar en reuniones, cumpleaños y compromisos. Sin embargo, cuando es temporada alta, desde mayo, realizan alrededor de quince serenatas por noche, por la celebración del día de la madre. Esta conmemoración se realiza con un repertorio ya definido por el gusto del público. “Aunque no sea mayo”, “Clavelitos con mayor”, “Amor Eterno”, “Madrecita Querida”, “Es mi madre” y “El Camino de la Vida”; son canciones que no pueden faltar.

La tarifa depende de la cantidad de integrantes de los grupos y de los repertorios, la más económica cuenta con 9 canciones que duran alrededor de media hora.

Llegaron las 6 de la tarde, algunos grupos que consiguieron toques corrían a las camionetas para empezar a trabajar. Me decidí y me aventuré a montarme en uno de esos carros, era la oportunidad perfecta para que me acercaran a casa. Estrecho, incómodo y con un mar de instrumentos y sombreros, tuvimos que nadar hacia el fondo. Ahí, el conductor me contaba que mientras se transportaban por la ciudad para dar serenatas, la mayoría aprovechaba para dormir lo que durara el trayecto.

En el recorrido, Wilson, pensionado de la policía; afirmaba que no hay un acompañamiento por parte de la alcaldía. Para él, este debería ser como el pedacito de México, la famosa “Plaza Garibaldi”, un lugar peatonal donde los clientes puedan buscar los servicios de estos talentosos artistas tranquilamente.

Pese a todo, este oficio es la pasión de cada uno de ellos. Para Alfonso, como para Wilson, lo más bonito al dar sus serenatas es ver al cliente complacido con el grupo. Lo más importante es “tocar los corazones”, afirmaban.