Tu estilo en Yara Aristizábal: La zapatería de la población Drag Queen y LGBTI en el barrio Restrepo.

Los modelistas de la fábrica trabajan con el sistema satélite, es decir desde sus casas. Pero detrás de una puerta, el lugar mágico donde se exhiben los productos, se pierde con unas escaleras viejas que guían a un cuarto pequeño en el tercer piso. Sucio y con mucha chatarra, las telas están tiradas en el piso sin ningún dobladillo, hay ganchos con cintas numeradas de tallas y lo único ordenado son los ribetes en frascos transparentes y los diccionarios en la máquina de coser junto al computador que reproduce música en inglés. De pie con un metro en el cuello, limpiando y terminando el acabado de unos zapatos negros con taches, se encuentra José Quiñones, el modelista que lleva 8 años en esta tienda creando zapatos para comunidades como la LGBTI o las Drag Queen.

José estudia inglés en sus tiempos libres. A su lado tiene una hoja con cuadrículas y dibujos pegados al frente de su mesa de trabajo. Según él, aprende la mnemotecnia, un proceso intelectual para asociar las letras con las imágenes que quiera. Este ibaguereño de 50 años, ha trabajado toda la vida haciendo calzados sobre medidas. Hace aproximadamente unos 35 años laboró en el Chicó con italianos; en chapinero, en las cruces y ahora en el Restrepo.

La mayoría de sus colegas que hacen estos tipos de zapatos van a desaparecer, ya que todo se hace a mano, es artesanal y requiere de experiencia. “la maquinaria no da para hacer esa clase de calzado, por eso los nuevos zapateros no tienen el conocimiento, porque los que trabajan en fábricas sólo trabajan en cadena, unos solo se especializan en doblar, otros lo arman y no saben hacer nada más. A nosotros nos dan el cuero, la revista con las especificaciones y la interpretamos, hacemos el bosquejo, los cortamos, diseñamos, moldeamos y devastamos”, decía José-

El servicio que ofrece esta zapatería fue ideada por su fundadora doña Tere, la madre de Yara Aristizabal. Su empresa, con un mercado antes inexplorado cada vez toma más fuerza al destacarse de las demás. Pese a que en estos tiempos el comercio en calzado tiene grandes competencias, las industrias creativas proyectan cerrar el 2017 con 7.000 millones de dólares en su aporte al PIB (el producto interno bruto) del país.

La zapatería Jhorbam es un legado familiar, hace 6 años Yara tomó la gerencia y ahora alterna este papel con el de madre, atrás de la vitrina hay un coche donde su hija menor de unos dos años juega mientras ella habla por teléfono en su oficina para enviar pedidos a España.

Yara estudió diseño de modas y se especializó en gerencia de moda, en la Universidad Jorge Tadeo Lozano; también realizó un curso de diseño de calzado en Italia y actualmente su proyecto es crear una escuela para el diseño de calzado en una de las habitaciones detrás del almacén, para seguir innovando en ese sector.

MADE IN Restrepo

En Bogotá las personas pueden encontrar todo tipo de calzado en sectores como San Victorino, San Andresito o Chapinero. Sin embargo, hay dos diferencias importantes entre estos lugares y el Restrepo; la primera consiste en que se está trabajando junto con la Alcaldía de Bogotá en la competencia desleal que causa los bajos precios de los productos procedentes de China con los que no pueden competir estos comerciantes. En segundo lugar, el Restrepo le ofrece a sus clientes la ventaja competitiva de mandar a hacer sus zapatos al tamaño, altura, color y material que más se ajuste a sus necesidades. Ya que este sector no solo vende zapatos sino que también los fabrica. Por tal razón, es que muchas personas prefieren comprar su calzado en el Restrepo al ser considerado como el principal fabricante de zapatos de la ciudad.

El barrio Restrepo, ubicado en la localidad Antonio Nariño en la ciudad de Bogotá, es conocido por tener fábricas del sector de calzado.

En una tarde lluviosa, las personas corren y se refugian en las tiendas del barrio Restrepo, entre ellos un hombre que sube las escaleras de una zapatería, este señor trae una maleta deportiva, una sudadera negra, unos tenis blancos, una contextura gruesa pero delicada, con un cabello largo y negro. Se dirigió hacia la vitrina, miró unos zapatos con plataforma de 30 centímetros de charol, alzó su mirada y le dijo a la vendedora: “me los quiero probar”.

Jose Castellanos, es un travesti que conoce hace 10 años la zapatería Jhorbam, una de las pocas tiendas donde compra zapatos de mujer para su trabajo, al igual que las Drag Queen en el barrio el Restrepo. Sin embargo, este lugar es conocido hace más de 40 años como la zapatería Jhorbam, la cual inició como una tienda igual que las demás, vendiendo desde la talla 34 a 39 para zapatos de mujer `talla normal´. Ahora es la tienda de calzado sobre medidas más importante de Bogotá.

Según, Yara Aristizabal sus clientes van desde la comunidad Drag Queen, transgénero, transexual; hasta actores, presentadores, trabajadoras sexuales, mariachis, metaleros, góticos y punkeros.

Cuando se suben las escaleras del lugar, los zapatos en las paredes dan la sensación de que es un lugar común, pero cuando se llega al segundo piso sobresalen los pares de talla grande, en especial los diseños exclusivos para las famosas Drag Queen, los mejores clientes para la diseñadora Yara Aristizábal, porque en cada show los artistas masculinos buscan zapatos extravagantes que combinen con sus vestidos de mujer. La regla para diseñar estos zapatos es que no hay ninguna y así lo confirma un par de ellos, los cuales tienen una plataforma de 50 centímetros en el exhibidor de color rosado y escarchado, junto con dos apliques de corazón en el cuero negro brillante, los cuales les llega hasta las rodillas.

Además de las Drag Queen, muchos de los clientes que conocen esta tienda, más que importarles el precio, les importa la calidad y la satisfacción de sus caprichos, según las vendedoras del lugar. Por eso, el valor de ese tipo de zapatos no baja de $500.000.

Está zapatería está abierta a cualquier tipo de mercado y precio. Se encuentran zapatos comunes con los precios comerciales entre $50.000 a $120.000, como los buscaba una señora con sus dos hijos, quienes no evitaron la curiosidad de detallar estas obras de arte mientras Rosy Medina, una de las dos impulsadoras las atiende.

—¿Cuánto valen estos zapatos? –dice la señora.

—De esos salen en unos $280.000, los clásicos o en charol están en $75.000 o te fabrico cualquier combinación.

—Son al estilo Lady Gaga y poca gente los podría comprar –dice la chica de unos 16 años, extrañada con los estilos extravagantes que hay en esta tienda y riéndose con su hermano, bajan las escaleras y se van sin comprar nada.

Rosy, la empleada que ha trabajado más tiempo en este emprendimiento, resalta que el negocio no es tan bueno como hace unos años, donde invitaba a una ola de personas que transitaban en el Restrepo los fines de semana. Ahora solo llegan, se miden los zapatos o simplemente preguntan el precio; esto a causa de la competencia que se generó con los productos chinos a menor costo, también por las nuevas tecnologías que permiten hacer compras en línea a países como España, donde se hace este tipo de calzado para la población LGBTI con tacones mucho más altos. Otra razón, es que los clientes no pueden parquear sus carros en la calle como lo hacían antes.

​Es por esto que los clientes fijos, entre ellos las personas LGBTI, son los clientes maravillas para estas vendedoras. Tanto que la tienda tiene una sala privada detrás de la pared con estanterías llenas de zapatos de toda clase y tamaños, un lugar muy angosto pero con un sofá acogedor para quienes no han salido del closet o quienes desean privacidad a la hora de cambiarse de vestuario, y ver la combinación de estos pares extravagantes. Según recuerda Graciela Vargas, vendedora hace 13 años de la zapatería, en años pasados atendía en este lugar a una Drag Queen, quien iba acompañada de su esposa mientras caminaba con un tacón de 30 centímetros. “Esta persona se cayó, pero es poco común que pase, ya que ellas manejan bien el tacón”, comentaba Graciela.​

​Antes los clientes traían su foto en el celular o se hacía un dibujo similar a sus deseos, y en 3 horas ya estaban hechos. De ahí surge la pregunta de si ahora se siguen tardando el mismo tiempo en la elaboración de estos productos.

— ¿Cuánto se demoran para la entrega de un zapato personalizado? –pregunté.

—Ahora se demoran dos días, ya que José es el único que está en la fábrica, los demás trabajan con el sistema satélite.